Mi nombre es Karina y, gracias a la intervención de Dios, hoy puedo afirmar que tengo vida, una vida nueva. Este es mi testimonio. Tengo 25 años y nací en Honduras. Buscando ofrecernos un futuro mejor, mis padres se vieron obligados a emigrar a España, dejando en Honduras a mi hermano mayor, a mi hermana pequeña y a mí al cuidado de nuestros abuelos. Aunque ellos nos amaron profundamente e hicieron todo lo que estuvo en sus manos, guardo de aquella época un anhelo inmenso de volver a estar junto a mis padres. Finalmente, cuando cumplí siete años, nos reunimos de nuevo con ellos en Tolosa, un pueblo del País Vasco. Llegamos a un lugar donde tanto la cultura como el idioma eran completamente desconocidos, pero aprendimos con rapidez y logramos integrarnos en el colegio. Recuerdo que me apasionaba el deporte y que era muy aplicada en los estudios. A los ojos de todos, era una niña “buena”: cumplía con los horarios que mis padres establecían, iba y volvía sola de las actividades extr...
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