Darío Aguilar


Me llamo Darío y nací en Uruguay en el año 1979. Tengo cuatro hermanos: Stefanny, Gastón y Pablo con el que soy gemelo. Mi infancia fue difícil, mis padres nos corregían con dureza y eso hacía crecer en mí el orgullo y un profundo resentimiento. La falta de respeto a ellos cada vez se veía más.  A la edad de cinco años mis padres conocieron a Dios y eso empezó transformar mi hogar. El amor, el respeto, la comunicación... mis padres siempre se esforzaban en darnos lo mejor. Pero aún así, según iba creciendo, mi comportamiento iba a peor. Recuerdo con cinco años muchos temores hacia los demás niños,  recuerdo ya de pequeño buscando agradar a los demás, mintiendo, peleando, poco a poco me inclinaba hacía lo malo. Con diez años aproximadamente ya desobedecía con frecuencia a mis padres, les mentía, respondía e insultaba en el colegio, trataba mal a otros niños, incluso les  llegaba a robar. Las correcciones de la dirección del colegio eran frecuentes y yo me lo tomaba mal y empecé a faltar a la autoridad.

"Gran parte de mí no quería esa vida pero no era capaz de salir y no tenía esperanza ni propósito, vivía aterrorizado"

En la adolescencia  el desorden iba a más, empecé a tomar alcohol y a robar. La relación con mis padres no mejoraba por mi parte. Desobedecía y me tomaba a mal cada consejo que me daban y no era capaz de pensar bien. A la edad de 18 años empecé a consumir drogas y entré en los ultras de Nacional en equipo de fútbol de Uruguay. Fue una etapa de vivir al límite, arriesgando la vida, de hecho, llegué a estar preso por el futbol, envuelto en peleas, robos con violencia... Gran parte de mí no quería esa vida pero no era capaz de salir y no tenía esperanza ni propósito, vivía aterrorizado. 

A los 20 años tuve un hijo. La relación con la madre fue un fracaso, ella viajó a España y tuvo el niño aquí. Yo solo me centraba en mí y no me afectó la situación. Al nacer Francisco, mi hijo, algo cambió en mí. Empecé a ir a la iglesia, cambie los hábitos y al año me vine a España. Por resumir, tuve otro hijo con mi pareja pero la relación con ella volvió a fracasar y acabé viviendo con mis padres. El consumo de drogas y los malos hábitos iban a más. 

Al tiempo conocí a Nagore, mi esposa, y empezamos una relación. A los años tuvimos dos hijos y me propuse cambiar completamente y por un tiempo lo hice, pero poco a poco volví a la vida de antes. La situación era insostenible, mi matrimonio estaba muerto (yo lo estaba matando), no servía ni como padre ni como marido, en el trabajo era un desastre, mi esposa ya no me quería en casa y vivía amargado y lleno de culpa.

"Allí tuve un encuentro real con Dios y las cosas empezaron a mejorar"

En Octubre del 2017 entré en Vida Nueva. Mi plan era estar 6 meses y salir. Unas semanas antes de entrar tuve una reunión con el Pastor Cristian y me dijo que mi carácter iba a ser tratado desde el minuto 1 y así fue. 38 años de hacer las cosas mal empezaron a hacerse notables y empezaron a enseñarme a identificar cada cosa. Para mí los vicios eran el problema, pero en realidad eran sólo la consecuencia de mi gran desorden. La realidad es que era un orgulloso, sólo pensaba en mí, tenía tantos complejos y temores que no era capaz de mirar a nadie a la cara y sostener la mirada... Poco a poco Dios me hizo ver la realidad del problema y decidí  obedecer lo que se me decía. Allí tuve un encuentro real con Dios y las cosas empezaron a mejorar. Dios estaba transformando mi vida y mi matrimonio.

En noviembre del 2020 recibí el alta terapéutica del Centro, actualmente estoy trabajando y viviendo una vida nueva con mi esposa y mis hijos. Mi paso la Comunidad fue la parábola que contó Jesús en la Biblia del buen samaritano, así me encontró Dios a mí: muerto y tirado en el camino. Me llevó al mesón (la comunidad) y restauró mi vida y la de mi familia. Ahora es todo nuevo, cada vez que fallo (que son muchas veces) no le hecho la culpa a las circunstancias, a mi familia o al trabajo, el problema es siempre lo que sale de mi corazón. En la Comunidad Dios me quitó el velo y pude ponerle nombre a mi pecado y eso me ha dado y me da  una verdadera libertad. Estoy aprendiendo a vivir el evangelio, Dios sigue tratando en mí el carácter orgulloso, la ofensa, ahora puedo pedir perdón, ya no vivo centrado en mí, cada vez puedo darme más en casa, me encargo de la limpieza, la cocina, y todo lo que sea posible. El gozo que experimento y la paz de saber que puedo agradar a Dio no se compara con nada.

Doy gracias a Dios por todo, ha hecho y hace posible lo imposible.
Gracias a Vida Nueva, a cada responsable, a mi canal por la paciencia que me tuvo, al pastor Cristian por darme la oportunidad de servir en Bizi Berria, el centro de acogida de la iglesia de Renteria, a mi esposa y a mis hijos por confiar en Dios.
Gracias, que Dios los bendiga.

Comentarios

  1. Gracias por tu testimonio , me ha dado mucha esperanza. Dios es bueno y fiel

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  2. Que libertad da el poder poner nombre a las cosas y que nos digan la verdad, realmente es la única manera de demostar el amor, tal como lo hizo Jesús... Cuantas oportunidades nos da Dios, que bien que la aprovechaste!!!!

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  3. Realmente sigue sin haber nada imposible para Dios. Doy fe de la obra transformadora que Dios ha obrado en tí.
    Muchas gracias por abrir tu corazón.

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  4. Gloria a Dios por su amor y misericordia. Eres una nueva criatura por su gracia.,es verdad que para El no hay nada imposible

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  5. ¡Gloria a Dios que todo lo puede! Gracias por tu testimonio y por ser de esperanza para todos los que necesitamos ser transformados. Vuestra familia es Gloria de Dios para esta tierra. Gracias Vida Nueva por esa labor en la que sois el mesón donde podemos encontrarnos con Jesucristo y ser transformados.

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