Alejandro Aldana

Me llamo Alejandro y soy de Zaragoza.
Me crié en una familia totalmente rota, mi padre tenía muy mal carácter y siempre estaba gruñendo. En casa siempre mostraba una mala actitud hacia mi madre y mis hermanos. Mi madre tampoco sabía cómo hacerlo mejor en esas situaciones por miedo a su reacción. Con la edad de 8 años empecé a ayudar a mi padre trabajando en un taller de soldadura que él tenía. Cuando llegaba del colegio merendaba y a trabajar sin hacer los deberes. Y cuando no era el taller, me mandaba a la carnicería de mis tíos, y así fue por mucho tiempo. Yo quería mucho a mi padre pero nunca tuve el valor de preguntarle por qué nos trataba así. En cuanto tuve la edad suficiente el mismo se encargó de que tuviese trabajo. A los trece años ya tenía contrato de trabajo en una cocina, era la primera vez que yo salía del barrio sin mis padres. A partir de entonces empecé a experimentar una vida totalmente diferente de lo que venía viviendo que era temor a mi padre, cuidar de mis hermanos y trabajar.
A partir de entonces siempre intentaba buscar un hueco para estar con mis amigos, aunque eso terminara con una bronca con mi padre. En el trabajo no todo era siempre igual, en los servicios de dar comidas el jefe siempre estaba refunfuñando y los compañeros se transformaban, ponía a todo el mundo nervioso y con el riesgo de darnos un corte o quemarnos con algún fuego. Todo esto me recordaba a mi casa y entendí que posiblemente mi padre viviera en su trabajo lo mismo y venía a casa estresado y de mal humor. Cuando estaba bien era super cariñoso, le gustaba mucho el campo y en verano, los fines de semana, los pasábamos fuera de casa.
Con el tiempo me fui integrando en mi trabajo, ya veía normal las bullas de mi jefe y en mi casa parecía que todo iba mejor. Mi padres tenían cuatro jornales; el de mi padre y los de los tres hijos mayores así que a partir de ese momento tuvimos tele y coche.
Salía de trabajar y siempre volvía a mi barrio en busca de mis amigos para hacer lo que más me gustaba, jugar al balón. Empezaron a venir chicos nuevos por nuestro barrio ofreciéndonos cosas distintas, alcohol, tabaco y drogas. Muchos de mis amigos aceptaron, pero yo se lo conté a mi padre y me dijo que me apartara de aquello, así que empecé a salir del barrio, y fue así como conocí a la que fue madre de mi hijo. Jamás volví con mis amigos del barrio. Tenía 16 años. Con el tiempo le conté a mi novia el ambiente que se vivía en mi casa y como nuestra relación iba genial, a los 18 años, cuando terminé el servicio militar, nos compramos piso, y cuando lo acabamos de pagar, con 22 años, nos casamos.
En el trabajo ya había cogido el hábito de fumar y de tomar alcohol, y aunque no eran grandes cantidades, se fue convirtiendo en algo que no me podía faltar. Mi matrimonio iba bien, por supuesto que todo no era bonito, teníamos nuestras luchas y discusiones, pero nunca pasó de ahí hasta que con los años dijo que no se encontraba a gusto y decidió pedirme la separación.
eso fue para mi como una caída libre en picado y sin lona para amortiguar.
Tenía mi hijo 9 años y eso fue para mi como una caída libre en picado y sin lona para amortiguar. Tenía 36 años y creía que era fuerte, pero no era así. Me refugié en mi trabajo, me cambié de piso y el alcohol y el tabaco se convirtieron en mis mejores amigos. Caí en un pozo tan profundo que yo solo no podía salir de allí y tuve que pedir ayuda. Mis tres hermanas fueron como ángeles que puso Dios en mi camino. Vieron que tenía un serio problema y me ayudaron. A partir de ese momento comenzó mi andadura por centros de rehabilitación. Estuve cuatro años en un centro donde escuche acerca de Dios y empecé a conocerle. Pasado ese tiempo salí a trabajar pensando que ya estaba bien, y tuve una recaída brutal. Sufrí una perforación de estómago y pasé nueve días en coma en la UVI. Luego continué una temporada en el hospital de Teruel, esto hizo darme cuenta que yo solo no podía y volví a ingresar en otro centro y después en otro y así hasta que mi hermana me habló de Pamplona y de Vida Nueva. Aunque yo ya no tenía muchas ganas de convivir con gente en otro centro, no le costó mucho convencerme y me fui a Pamplona pensando en salir pronto de allí porque yo "no estaba tan mal".
En mi vida conocí más cerca a Dios y me mostró que carecía de muchas cosas. A través de personas que querían ayudarme me mostró y puso nombre a muchas cosas que no estaban bien en mi vida, por ejemplo el orgullo, la mentira, etc. aunque la verdad es que me costaba abrir el corazón. Pero Dios se encargó de ir sacando a la luz todo lo que tenía escondido muy adentro.
Al tiempo me detectaron un tumor cancerígeno en la garganta, una prueba que Dios me puso para fortalecer mi fe. Me hicieron pruebas y no pintaba bien la cosa. Los médicos le dijeron a mi hijo y a mi hermana que no había solución y ellos lo comunicaron a los médicos del centro, que a su vez lo pusieron en conocimiento de mis pastores. De ellos recibí palabras que me llevaban continuamente a poner mi confianza en Dios y así empecé el tratamiento con quimioterapia y radioterapia. Al terminar tuve que ingresar en el hospital por un tiempo porque me dejó muy débil. Durante este tiempo clamé y oré a Dios y Él intervino, me fui recuperando poco a poco y cuando, a los dos meses, salí del hospital me hicieron una revisión en la que me dijeron que todo había sido sanado, yo les respondí que había sido Dios quien había hecho el milagro.
Le doy tantas gracias a Dios por haberme rescatado de cada momento de angustia, por haberme hecho una nueva persona y por no dejar que perdiera la fe y la confianza en Él en ningún momento. Sigo pasando pruebas cada día, pero ahora se que Él nunca me deja solo. Es gracias a Su amor y Su misericordia que hoy puedo contar este testimonio. ¡Gracias!

Comentarios

  1. Gloria a Dios....bendito seas Señor...

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  2. Muchísimas gracias Alejandro por tu testimonio, por la humildad al abrir tu corazón y permitirnos conocerte un poquito más y recordarnos que Nada hay imposible para Dios y también poder ser testigo del milagro tan maravilloso que Dios a hecho y sigue haciendo en tu vida.
    Muchas gracias un abrazo

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  3. Muchísimas gracias Alejandro por abrir tu corazón y ser reflejo de la luz de Cristo, eres una gran bendición para mi vida. Gracias por mostrar que realmente hay un Dios vivo que busca todo lo mejor para nosotros.

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  4. Que bueno poder seguir viendo en primera mano el amor y la misericordia de Dios... "Nuevas son cada día sus misericordias..."
    Como no vamos a alabarle? Como no vamos a querer agradarle? Menos mal Alejandro que Dios,te atrajo con sus cuerdas de amor hasta Vida Nueva y pudo sanar tu cuerpo y tu alma ...

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  5. GLORIA A DIOS!
    Que bueno es Papá. Transforma y restaura una vida por completo.Eres un regalo Alejandro
    GRACIAS por abrir tu corazón.

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  6. Gracias Alejandro por tu testimonio. Eres una nueva persona por la gracia de de Dios. Todo lo que tenemos es por su pura misericordia, la vida la tenemos solo en el. Eres una bendición,recibe un fuerte abrazo hermano

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  7. Dios es bueno. Gracias, Alejandro, por dejarnos ver en unas breves pero intensas pinceladas el poder y la misericordia de Dios. Resulta muy agradable tu carácter alegre y desenfadado, y la confianza que hoy hay en ti. Un abrazo

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  8. Gracias Alejandro
    Gloria a Dios, que bueno es nuestro Papá Celestial.

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