Ferney Lombardo

Con este testimonio me gustaría exaltar el nombre de Jesús y que se pueda ver su obrar y poder en mi vida reconociendo que en mí no hay ningún mérito y que toda la gloria y toda la honra es para él.
Me llamo Ferney y nací en Buenaventura una ciudad de Colombia, soy el mayor de cinco hermanos Yina, Didier, que ya partieron con el Señor, Katy y Janier, que viven en Panamá.
Mi niñez se puede decir que fue un poco complicada ya que mi madre y mi padre se separaron cuando yo era muy pequeño y no tengo recuerdos de verlos juntos. Mi madre viajaba mucho para poder sustentarnos, así que muchas veces me dejaba en casa de mi abuela pero mi comportamiento no era bueno así que ella no quería cuidarme. la solución era quedarme con algún familiar, hasta que ya no me soportaban, esto se repetía una y otra vez. Todo esto hizo de mí un niño rebelde, desobediente y mentiroso, al que nadie quería. Mi madre tuvo que llevarme a un internado donde había niños en peor situación que yo, niños que vivían en la calle o sin familia y aun así a mí me expulsaron por mi mal comportamiento. Recuerdo que siempre pensaba en que quería hacerme mayor para que todo cambiara. Así pasaron los años, cada vez más cosas malas y poco a poco caminando hacia las tinieblas notando el desprecio de los demás. Con 8 años hacía lo que me daba la gana sin respetar a nadie, sin cobertura y sin autoridad que me pudiera protegerme y enseñarme la realidad de mi pecado.

A los diez años mi madre me llevó a Panamá, allí todo estuvo bien al principio, todos me trataban bien, claro, no me conocían, además mi madre me influía mucho respeto ya que era una mujer con mucho carácter. Llegue a un ambiente de mayores, un mundo de fiestas y alcohol, ahora salía de fiesta como si fuera mayor, cada paso era más tenebroso que el anterior, cada vez mis tinieblas eran más densas.No quise terminar los estudios y en todo el desenfreno tuve una hija aun siendo menor de edad y con todo lo que he contado hasta aquí se pueden imaginar la capacidad que había en mi para afrontar todo con madurez y ser un padre responsable. Era un egocéntrico, todo tenía que girar en torno a mi y esta relación se cortó y con ella toda la relación con la madre y mi hija.

Desde mi adolescencia hasta que conocí al Señor con 27 años todo fue un desastre en mi vida. En casa de mi madre las borracheras y los gritos eran lo normal, era incapaz de respetar y honrar a mi madre y a mi padrastro. Todo esto hacía que saliera a mendigar aceptación en las calles, no tenía identidad y quería imitar lo que veía en los demás y hacia cualquier cosa para ganarme el favor, aceptación y amor de los demás. Mis conocidos y amigos se aprovechaban de esto y me manipulaban hasta que no lo soportaba más y explotaba con ira y violencia.

Todo esto formó un en mi un carácter violento, antes que los demás me hicieran daño yo lo hacía primero, estaba siempre a la defensiva. Recuerdo que siempre estaba metido en discusiones y peleas, era superior a mí, no podía soportar que alguien me levantara la voz o que me contradijera porque enseguida le pegaba. Cuando estaba borracho era un espectáculo, nadie quería estar conmigo era realmente una persona indeseable.

En todo esto tuve dos hijos más, fui incapaz de poder ser un padre para ellos, en mí no había nada moral para darles y mucho menos para ser un padre protector. Estaba lleno de problemas: con la madre de mi hijo, con la droga, el alcohol... porque no he dicho pero también vendía droga y a veces consumía lo que traía aún más problemas.

Pasó poco tiempo y decidí irme a Costa Rica para cambiar de aires y el remedio fue peor que la enfermedad, si en Panamá era desordenado en Costa Rica esto se multiplicó, caí en un desenfreno de vida donde cada vez caía más bajo, perdiendo la dignidad en un mundo de egoísmo y traición. La verdad, estaba cansado de todo, quería quitarme la vida. Volví a Panamá a comprar más droga y ese fin de semana tuve una gran pelea, todo estuvo bien hasta que me acosté y no sé porque empecé a llorar desesperadamente, salió de mí un clamor desde lo más profundo de mi ser diciendo: DIOS MÍO SI TÚ EXISTES CAMBIAME QUE YO NO QUIERO SER MAS ASI. Lloraba con una agonía como si me muriera y solo clamaba, por favor cámbiame. Compre la droga y volviendo a Costa Rica me detuvieron. Dijeron que mi condena era de 8 a 15 años encarcelado por tráfico internacional. No tuve más remedio que acostumbrarme a la cárcel. Conocí a un chico que me habló de Jesús, me dijo que Él había muerto por mis pecados y, literalmente, me enamoré de lo que me decía, sentía algo inexplicable y quería saber más de Jesús. Me sobrecogió pensar que murió por mí. En la cárcel pasaron muchas cosas que Dios usó para cambiar mi carácter, sólo contaré una. Tuve un sueño en el que salía de la cárcel y, honestamente, creí que me estaba volviendo loco porque hasta ese día nunca había tenido la convicción de algo y Dios puso en mi corazón Su convicción de que saldría. Los meses pasaron y el gobierno cambió, dijeron que darían oportunidades a los que por primera vez cayeran presos pero yo no entraba en ese paquete ya que solo era válido para casos pequeños, no para droga que ni siquiera tenía fianza.

A los 9 meses salí de la cárcel y nadie daba crédito a lo veía porque era imposible salir. Cuando llegue a casa todos estaban sorprendidos de verme y al saber que me había convertido a Dios aún más. Si hay algo bueno de mi pasado creo que es esta parte, por primera vez en la vida podía respetar a mi madre y amar a mis hermanos que eran pequeños, fue un tiempo muy especial. Me encantaba ver las caras de asombro de mis amigos cuando me escuchaban hablar de Jesús, yo disfrutaba de eso porque era consciente de que estaban viendo a otro Ferney.

Al poco tiempo hablé con un primo que vivía aquí en España, me ofreció venir, e incluso me regaló el pasaje, así llegué.

Dios hizo un milagro fantástico al salir de la cárcel, pero reconozco que el afán por las riquezas y el mal carácter que me formó la vida, mezclado con mis bajas pasiones me estaban ahogando y era cuestión de tiempo que reviviera el viejo Ferney. Entre mi primo y yo empezaron a haber malos entendidos, así que me dijo que tenía que marcharme de su casa. En la iglesia tienen un Centro de Acogida, el Centro Vida Nueva, y me dijeron que podría vivir allí, siendo sinceros, yo no quería, pero no tenía donde vivir.

Sin darme cuenta Dios me estaba atrayendo con sus cuerdas de amor y no entendía que el mismo Dios que me sacó de la cárcel me llevara a ese lugar. Lloraba todas las noches, sin esperanza, el solo hecho de levantarme a las 7:30 ya me ponía de mal humor y no solo eso, los quehaceres diarios, limpiar, barrer, fregar, más los trabajos del taller… todo era como una peli de terror, me costó mucho, pero todo porque era un vago, nunca había hecho nada en casa ni me esforcé en tener un buen trabajo.

Dios poco a poco fue quebrantando y derribando todo lo hasta ese momento conocía para enseñarme Su evangelio, que es una vida para Él. Me costó entender muchas cosas, una de ellas la autoridad. En mi pasado vi muy malos ejemplos de la autoridad que me marcaron por eso no obedecía, ahora sé que la autoridad es como un paraguas en una tormenta, que si estás dentro no te mojas y te protege, y que todos los consejos y el obedecer es para que me vaya bien. De pequeño nunca tuve una referencia de autoridad y ahora de mayor Dios me regaló el privilegio de estar rodeado de los responsables del centro que me corregían y me enseñaban lo que nunca había vivido. Aun así estuve dos años luchando con Dios por querer hacer mi voluntad, hasta que me venció y entendí que estaba haciendo un hombre de mí. Cinco años después de llegar al Centro me dieron el alta terapéutica y decidí quedarme. También Dios me regalo una esposa preciosa, juntos servimos en el Centro y esto sí que es una pasada que viva el evangelio con ella y que nuestro hogar no se parezca en nada a todas las barbaridades que viví y la pueda amar y respetar. A veces le pregunto ¿por qué te casaste conmigo? y lo digo sinceramente, ella sonríe y me dice que yo soy el hombre que Dios tenía preparado para ella y, honestamente lo digo, yo no la merezco es una mujer temerosa de Dios y eso me encanta, tampoco merezco la restauración con mis hijos, yo fui un mal padre para ellos y ahora me honran, aún hay mucho por hacer, pero esto es inexplicable. También me siento inmerecedor del sacrificio de Jesús, de Su perdón, de la Gracia que me ayuda seguir y de llegar a mi cuando estaba podrido en mi miseria. También quiero darle gracias a Dios por esta Casa, por rodearme de personas tan excelentes y dignas de imitar que me enseñan que es posible llegar hasta el final y también gracias a la familia pastoral que son un gran ejemplo, os amo. GRACIAS





Comentarios

  1. WoW Ferney!
    Todo lo que nos cuentas es increíble de creer porque ahora vemos que eres otro. ¡Gloria a Dios! ¡Es un milagro! Gracias a Dios hoy podemos ver un hombre con autoridad porque vive bajo autoridad. Eres un ejemplo en el obedecer y en el servicio desinteresado que ofreces. Gracias por hacer por otros lo que Jesucristo ha hecho por ti a través del centro Vida Nueva.
    ¡Un abrazo fuerte!

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  2. Benjamin Berraondo30 de enero de 2020, 9:25

    Eres un milagro de Dios Ferney. Tengo el privilegio de vivir cerca tuya y puedo asegurar que eres ejemplo de vida para todo aquel que te rodea. Eres un hombre digno de imitar y estoy seguro de que el Señor tendrá guardada una Corona muy especial para ti. Gracias por compartir tu historia.

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    1. Muchas gracias .....que esperanza tan grande , para mi hijo .....Gloria a Dios , Dios es bueno , es fiel....no puedo espresar lo que siento al leer este testimonio

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  3. Muchísimas gracias Fernry por abrir tanto el corazón me encanta ver tu servicio desinteresado, obediencia y humildad. Es un claro ejemplo de lo bueno que es Dios y de la obra perfecta en tu vida

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  4. ¡Woooowwwww Ferney! Me has dejado sin palabras....muchas cosas que has contado ni las sabia. Y es verdad, como han dicho otras personas más arriba: ya no hay nada de ese antiguo Ferney: ¡NADA!
    Por lo que yo te puedo ver de cerca cada semana, gracias a Dios, veo un Ferney manso y humilde, esforzado, muy trabajador, valiente, obediente, sabio para saber cuando hablar y cuando callar, gozoso, generoso, lleno de amor, paciente.....
    Gracias damos yo y mi casa por ejemplos tan claros e imitables que hay en la Comunidad, como tú Ferney y tu esposa. Gracias por vuestro ejemplo de siembra en el Evangelio.
    Y Gloria a Dios por la Gran Salvación que Dios está trayendo desde el Cielo a la Tierra a través de un instrumento tan precioso como es el Centro Vida Nueva.

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  5. Realmente en ti Ferney,es evidente el versículo: LAS COSAS VIEJAS PASARON, HE AQUÍ QUE TODAS SON HECHAS NUEVAS.
    Aunque desearíamos borrar el pasado, porque nos avergüenza, me alegro de que lo cuentes para poder ver como Dios transforma lo imposible, podemos ver Su amor incondicional en Sus oportunidades gracias a que permaneciste en el centro dejando obrar a Dios a través de los responsables,Y, ahora en esa transformación, eres tú uno de ellos obedeciendo la parábola del buen samaritano: " VE Y HAZ TU LO MISMO"
    Y yo, te tengo especial cariño por ser cuñado de mi hijo y a ver podido compartir de muy cerquita el hombre nuevo que eres. Dios todo lo hace bien... A ÉL LA GLORIA!!!!!

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  6. Gracias por abrir el corazón Ferney! Dios ha hecho de ti un hombre imitable, me siento muy afortunado de conocer estos testimonios del poder de restauración del evangelio. Gracias a Dios por las autoridades, que son protección para nuestra vida. ¡Un abrazo enorme!

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  7. Gracias por abrir tu corazón Feney Dios es grande. Eres una bendición

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  8. Que Dios te bendiga Ferney eres muy buena persona

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  9. Muchísimas gracias por el precioso testimonio del poder de Dios.
    Es un regalo tenerte cerca a ti y a tu familia sois un ejemplo precioso

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  10. Hola Ferney. Me acuerdo de cuando llegaste a España, de las primeras actividades y cenas en las que coincidimos, y no deja de sorprenderme cuánto han cambiado las cosas. Ha sido muy especial ver cómo Dios te ha prosperado en todo, cómo ha desaparecido la tristeza y te ha llenado el gozo, cómo ha borrado la incertidumbre y ha sido sustituida por convicción, cómo ahora eres un hombre satisfecho, trabajador y honrado; el hogar tan agradable que formáis tu esposa y tú... En las pocas ocasiones en las que ahora podemos coincidir, siempre es muy agradable charlar contigo un rato. Gracias por contar estas cosas a todo el que quiera leerlas, porque esta es la clase de historia de vida que a todos vendría bien conocer. Un abrazo!

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