Begoña Bernabeu

Septiembre a Octubre 1990. Ingresé en el centro VIDA NUEVA con 24 años de edad y una hijita que acababa de cumplir los 2 años, Lucía, mi tesoro. Conocí este centro a través de mi hermano Teo (que estaba ingresado allí). Éramos una familia de tres hermanos marcada desde la infancia por la pérdida de nuestros padres. Sin embargo, tuvimos la fortuna de ser acogidos por nuestros tíos, primos y abuela. Nuestra abuela en su dolor por la pérdida de nuestras padres, nos hizo siempre excesivamente conscientes de ello.

Los tres tuvimos muchas heridas, carencias, a consecuencia de semejante trauma, además de perder a nuestros padres, tuvimos que separarnos e ir a casa de tíos diferentes. Éstos a su vez también tuvieron que asumir la terrible pérdida de sus hermanos tan jóvenes y asumir la nueva responsabilidad difícil de cuidar de nosotros. Lo hicieron lo mejor que supieron y estoy profundamente agradecida.

La realidad es que todos estos traumas y carencias, junto con nuestra propia decisión de escapar de esta realidad, nos llevó a la bebida y a las drogas. Yo desde los 15 años viví para la juerga, las borracheras, el alcohol y las drogas, de ciudad en ciudad, de fiesta en fiesta, de relación en relación, sin dar explicaciones a nadie. Una chica rebelde, muy herida por las carencias, muy acomplejada y muy orgullosa. Un orgullo herido, que todo me ofendía, solo me importaba YO, y complacer mis apetencias, aunque para ello tuviera que robar, mentir, emborracharse, drogarme, vivir por la calle, mal comer, pedir dinero para beber y conseguir dinero de las formas más bajas y delictivas que hay.

Todas mis relaciones y amistades se basaban en esto, y viví así durante 9 años. Pero cuando llegaron el SIDA, las sobredosis, la cirrosis, las hepatitis matando a mis amigos y algo más tarde a mi hermana, ahí toqué fondo. El fondo de un pozo del que no podía salir, aunque quería, y especialmente porque acababa de tener una hija, con tan solo 22 años.

De los 22 a los 24 años fue un intento continuo con mi pareja y mi hija de tener una vida normal, pero era sencillamente IMPOSIBLE. ¿Cómo enderezar ese camino tan torcido? ¿Cómo sanar tantas heridas de la infancia, y de las que yo misma me habia provocado, por la vida que había llevado? Deseaba esa vida normal de todo corazón, pero no podía. Había tenido milagrosamente una hija sana, ya que podía haber tenido de todo: SIDA, hepatitis... Dios en su compasión la guardó, como me guardo a mí de tantas situaciones en las que podía haber muerto, como murieron mis amigos o mi amada hermana Milagros.

Si me preguntaran cómo llegué al Centro, diría que había llegado como mi última esperanza, no quería que me quitaran a mi hija y no quería que ella siguiera mi ejemplo. Tenía que cambiar, pero ya había experimentado que con tan solo desearlo no podía cambiar.

Llegué al Centro a través de un primer contacto en la Iglesia Evangélica en Zaragoza. Allí fue donde por primera recibí que Jesucristo me amaba y había pagado por mí todas mis culpas y recibí la esperanza de que Dios podía hacerme nacer de nuevo. Aquello era justo lo que yo necesitaba, borrarlo todo, tanta aberración y culpa, y empezar de cero. Ocurrió un milagro porque me aferré a esa Esperanza y allí se me aconsejó ir al Centro Vida Nueva.

Cuando entré al Centro Vida Nueva me encontré con un montón de normas y pensé que “iba a morir” porque en un primer momento pensé que eran normas incumplibles, aunque se trataba de normas tan sencillas como cumplir horarios para levantarse, ducharse, comer e irse a la cama; comer de todo; no fumar, no beber y no consumir ningún tipo de drogas. Normas que cumple gran parte del mundo, pero que a mi me parecía imposible, ya que estaba acostumbrada a hacer lo que me daba la gana y cuando me daba la gana.
Muchas veces se me pasaba la idea de irme, pero entonces era consciente del infierno al que iba a volver y no quería volver allí con mi hija. Los primeros meses fueron duros, porque lo veía todo cuesta arriba, no sabía lo que era la obediencia y la gratitud, y aquella situación me angustiaba.

Al cabo de un tiempo, empezaron a salir los verdaderos problemas. Había llegado diciendo que mi problema eran las drogas, el alcohol, las fiestas... Pero el verdadero problema estaba en mis malas decisiones de la niñez; por medio de mi rebeldía, mi desobediencia atrevida a todo lo que representase autoridad, mi orgullo herido y ofendido por cualquier cosa que me dijeran o como me miraban. Me encontraba ofendida y herida continuamente. Además, tenía un fuerte resentimiento, manifestándose en mucha ira y violencia, deseaba matar a todo aquel, que según yo, me hablaba mal. Cualquier cosa la malinterpretaba, me creía un montón de engaños (“se creen mejores que yo”, “pero que se han creído para hablarme o mirarme así”), no me gustaba que me miraran, pero también me ofendía que no lo hicieran. En definitiva centrada en mi, siempre centrada en lo que sentía y en lo que quería yo,y no en lo que me convenía o le convenía a mi hija. Todo me dolía, todos mis pensamientos eran enfermos y toda mi opinión estaba equivocada

Pero cuando entendí esta verdad, o la asumí, en mi corazón me llevó a un arrepentimiento. Desde aquel momento, Dios empezó a cambiar mi vida, y a enderezar uno a uno mis pasos, transformando mi vida. Durante los años de rehabilitación en el Centro, se fueron sanando mis heridas, llenando mis carencias y quedé totalmente libre de mis adicciones. Todo aquello que era imposible para mi. En el Centro Vida Nueva se me dió justo todo lo que necesitaba para mi espíritu, alma y cuerpo.

Doy gracias a Dios por la verdad constante que me hablaron, porque se atrevían a decirme la verdad, una y otra vez aún a pesar de mis malas reacciones. Denunciaban en mí todo lo que me oprimía, todas las heridas del pasado, pero al mismo tiempo me decían dónde estaba la salida. En estas casas no se cansaron de mí, ni me dejaron por imposible, como siempre había ocurrido en mi pasado. El amor real de Dios a través de personas, que emplearon muchos días y años en mi, sin maldecirme nunca, sin faltarrme al respeto, con dignidad, con misericordia, pero siempre diciéndome la absoluta verdad. Dios cambió mi futuro y mi destino. Esta verdad me libertó, ha hecho de mí una persona nueva,"otra Begoña". Me gustaría hasta tener un nombre nuevo, porque realmente no tengo nada que ver con aquella jóven destruida y que destruía.

Gracias a Dios por crear este centro pensando en ayudar y acoger a muchas “personas imposibles”, como lo era yo. Y gracias por las personas que se gastaron con su corrección, su consejo, su consuelo... interesándose por vidas como la mía, sin ganar nada a cambio. Al revés, les ocupábamos el tiempo, las fuerzas, vivíamos con sus familiares, se dieron por nosotros. Ahora entiendo que era el amor de Dios a través de ellos. Gracias a los pastores Luis y M. Carmen, mi amada maestra, que ha sido tan valiente conmigo; Maria y Felipe; Juan y Marga; Rosa; Susan ... y a la Iglesia de Pamplona que trabaja y ora tanto por el Centro.

Dios hizo la obra de restauración y la sigue haciendo, ha cambiado totalmente mi futuro y el de mi hija. Se ha cumplido en mi vida el lema de la comunidad Vida Nueva, NADA HAY IMPOSIBLE PARA DIOS (ni siquiera regenerar y enamorar una vida como la mía). Cuando me dieron el alta me quedé a vivir en Pamplona, y allí seguí creciendo y madurando en la Iglesia. El amor de Dios escoge lo que se había perdido por completo para que siempre recordemos que no valíamos nada (en especial YO) hasta que Él llegó, y nos salvó. Él fue, ha sido y será el salvavidas en mis tormentas.

Más tarde, a los 9 años me casé con un chico precioso, un hombre rescatado de un tormentoso pasado y rehabilitado en el Centro también. Un hombre que agradecido al Dios de su salvación servía en el Centro Vida Nueva, y allí nos fuimos a vivir junto con mi hija. Dios nos regalo dos hijas más, Anne y Miren.

Ahora, mi familia y yo, formamos parte de los flotadores que Dios lanza a las personas que vienen a la comunidad, con tantas y diferentes necesidades. Ahora más que nunca veo la Comunidad como el puro amor de Dios para los más desahuciados y estoy más agradecida que nunca a los que se gastaron por Amor.

GRACIAS para mi es un privilegio inmerecido poder estar en este lugar, gastando también todo lo que Dios me ha dado (pues yo no tenía nada): salud, fuerzas gozo, familia, dinero, cordura...Ahora puedo vivir en estas casas pudiendo ayudar a otras mujeres con hijos, cómo lo fui yo, hablándoles la verdad con misericordia y sin temor a sus reacciones; dando esperanza, ánimo y consuelo, y el consejo que viene de la Palabra de Dios (la Biblia).

La comunidad ha cambiado mucho en estos 24 años, especialmente con la mejora de sus instalaciones con grandes espacios pero lo que hace de la comunidad un lugar para nacer de nuevo es el amor de Dios que se manifiesta a través de personas que gastan su vida por completo en Él, para que otros vivan y así sucesivamente, unos muriendo para otros, para que otros vivan hasta que se extienda su reino por todos los rincones.

Como dice mi esposo de mi, soy un carbón rescatado, del gran incendio, que fue mi vida pero que Dios en su amor y a través de esta casa pudo sacar el diamante que sólo Él veía. Para mi también es el mayor privilegio ver llegar a esta casa carbones, que solo servían para cenizas y ver cómo Dios hace de ellos preciosos diamantes que le sirven.

Gracias A Dios, gracias a la comunidad y gracias a todos los que se gastaron a mi favor. Yo y mi casa serviremos al Señor.

Comentarios

  1. Hola Begoña. ¡Qué precioso milagro de Dios! Me encanta verte y oírte hoy trabajando con madres de acogida y sus pequeños. Me encanta el cariño, la paciencia, el entusiasmo y la integridad con la que lo haces. Esa mezcla de amor y verdad son evidentes en ti. Muchas gracias por abrir el corazón como lo has hecho, porque es esperanza para todos... ¡Porque nada hay imposible para Dios!

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  2. Impresionante ver el obrar de Dios de esa manera, como no agradecerte, como no alabarte, adorarte oh Dios, y a ti Bego gracias por dejar que Dios te usé, por darle valor a ese obrar siendo ahora útil y dando por gracia lo que se te ha dado por gracia y la verdad es que tienes mucho para dar y así lo haces con ese cariño y alegría que te caracteriza...
    Yo tuve el privilegio de estar 15 días en la comu cuando Alaitz tenia unos tres años y lo que aprendí de ti solo en 15 días, me dejo huella. Gracias!!!

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  3. ¡Qué pasada! Verdaderamente Dios hace todo nuevo. Begoña ahora eres todo un ejemplo no solo para las madres que llegan al centro, sino para jóvenes como yo; eres un ejemplo de gozo, de amor y de misericordia. Tú y tu familia sois preciosos, siempre tenéis una sonrisa para dar.
    Un fuerte abrazo!!

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  4. Bego!! Me encanta aprender a servir a tu lado me encanta como pones atención a todo hasta las cosas que parecen menos importantes como lo haces todo con tanta pasión tanta sinceridad tanta alegría en el corazón como se nota que tu vida es un continuo agradecimiento a JESUS y que nuestro servicio nos mantiene libres gracias yo de mayor quiero ser como tú !! Te queremos mucho

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  5. Es una delicia poder ver el milagro de transformación que Dios ha realizado en ti. La asombrosa realidad del cambio total y completo en tu vida sumada a la determinación y compasión con la que ahora ayudas a los que están como tú estabas no dejará de sorprenderme. Es un placer y honor poder conocer a personas con tal fruto del cielo. Muchísimas gracias por abrir el corazón.

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