Gustavo Diato

Me llamo Gustavo Ditao, tengo 29 años y nací en Brasil en una familia desestructurada. Mis padres se separaron antes que yo naciera, mi padre fue a vivir a otra ciudad y mi madre fue a vivir con mi abuela. Cuando tenía dos años más o menos mi madre se volvió a casar y nos cambiamos de casa, todas las noches lloraba porque no me acostumbraba, al final termine viviendo con mi abuela. Así iba creciendo, gracias a Dios nunca me faltó de nada, al contrario siempre tuve de todo y lo mejor como os podéis imaginar viviendo con la abuela, tenía de todo y de nada a la vez, todo lo material, pero la falta de un orden familiar, una disciplina y corrección. Hasta los ocho años de edad me crió mi bisabuela, que para mi fue como una madre, junto con mis tíos que también suplían en todo lo necesario y en todo lo que podían. Pero la maldad estaba en mi pecado, que aunque parece pasado de moda, es real y era real en mi vida.

Cuando cumplí ocho años fui ha conocer a mi padre a la cárcel, la primera vez que vi a mi padre fue preso, salió y entró varias veces en la cárcel. Quieras que no esta situación me marcó. Cuando fui a conocerlo estaba a punto de salir. Siempre supe que mi padre estaba preso, y eso en mí, solo ayudó a crear un carácter mentiroso, ¿A qué niño le gustaría confesar en el “día de los padres” que su padre estaba preso desde hace tiempo? Así que me inventaba todo acerca de mí. Esto fue creando en mí un carácter con muchísima doblez, en casa era una persona y en la calle era otra, así en todos los sitios. También tenía otros problemas, era un ladrón y no podía mirar a una chica con limpieza, todo era suciedad. También pasaba tiempo metido en internet en páginas sucias, realmente mi vida era una ruina sin Dios. Y así fui creciendo día a día y mi relación en casa cada vez era peor porque todo el pecado y la maldad en mi vida cada vez era mayor. Era una persona muy orgullosa y nadie me podía decir nada, imaginaros cómo es vivir con una persona así.

A la edad de catorce años, más o menos, empecé a salir y a beber. Un día en casa tuve una discusión muy fuerte con mi abuela y en el calentón de la discusión mi abuela me dijo que si no estaba bien con ella por qué no iba a vivir con mi tía en España. Yo en mi orgullo dije que sí y así quedó la conversación. Mi abuela pensaba que mi vida en España iba a ser un mar de rosas, iba a venir a España a estudiar y estar tranquilo. También tenía el problema de que era un verdadero vago, el simple hecho de lavar un vaso en casa era motivo de discusión, aún a veces tenían que pagarme para hacer algo, terrible pero cierto. Lo que no sabía era con quien realmente iba a vivir en España. Sabía que era con mi tía, pero realmente no la conocía.

Nada más llegar lo primero que me dijo mi tía fue que ella supliría todas mis necesidades básicas, pero que mis caprichos tendría que ganármelos trabajando yo, haciendo pequeñas labores, ya tenía dieciséis años y lo que quería enseñarme mi tía era que aprendiera a trabajar, ser una persona honrada... lo cual no era ni por asomo. Mi tía limpiaba casas y algunos bares y yo la acompañaba para hacer pequeñas labores como tirara la basura por ejemplo y me daba un dinerillo extra. Empecé a robar en casi todos los sitios a los que la acompañaba. En el instituto iba fatal, el idioma era un problema, pero ese era el más pequeño. Empecé a juntarme con malas compañías, aunque realmente la mala compañía era yo para ellos. Empecé a salir a la noche, aquí sí que ya me daba igual todo empecé a beber, a fumar e incluso a probar porros. Cada vez iba a peor en todo, las mentiras, los malos pensamientos, la inmoralidad con pornografia... Hasta que un día estalló la bomba en casa con mi tia. Salieron a la luz los robos. El ambiente en casa cambió a peor, todo por mi pecado, por mis fechorías y mi negro corazón. Llegó un punto en mi vida en el que no me querían en ningún sitio; ni aquí ni en Brasil. En mi desesperación me fui de casa con intención de no volver sin decir nada a nadie. Me rodeaba el llanto y la angustia por mi maldad, y por el hecho de que no podía cambiar. En esa angustia clamé a Dios en mi incredulidad, solo le dije a Dios:

“si tu existes de verdad ayúdame.”

En ese mismo momento el móvil que llevaba en el bolsillo empezó a vibrar, casi me muero del susto. Fue precisamente ahí donde empezó la obra de Dios en mi vida. La llamada que recibí era de la hija de mi tía que también velaba por mi en lo que podía, lo que me dijo fue: o vuelves a casa o mando a la policía a buscarte. En ese momento tuve miedo y volví a casa. Mi tía, como una madre, no quería que yo viviera así y que se repitiera en mí la historia que le ocurrió a mi padre al cual cuidó diecinueve años y muchas veces en situaciones muy dramáticas. Ella me ofreció entrar en un centro de rehabilitación que estaba relacionado con la iglesia a la cual ella asistía. Sin pensarlo dos veces le dije que si. No se ni como pero Dios en medio de mi locura me dio un momento de cordura. Ingresé la misma semana que llame al centro, ¡Bendito sea Dios por ese día!

Así ingrese yo al centro con toda una mochila de maldad que solo me había conducido a la ruina. Lo primero que vi en esas casas fue el amor. Yo solo daba mal, ellos solo me daban bien. De esta manera empecé a ver mi maldad día a día. Allí aprendí a ser persona; cosas tan básicas como el vestir, el comer bien, el hablar bien, etc… Vi el amor de Dios hacia mi vida a través de estas casas y reflejada en cada responsable que comparte su vida y su familia con desechos de la sociedad como lo era yo. Gracias doy a Dios por el día que me llevó a Vida Nueva. Ese lugar es para mi un hogar donde vi y aprendí lo que es tener un orden familiar. Me saqué los estudios, cada día me llevaban y traían del instituto, a mí, sin merecerlo nada, lo hacían con un amor desinteresado y lo hacen cada día por cada vida que está allí. Aprendí a trabaja, me saqué la FP de electromecánica, pude aprender el oficio allí... Dios cambió todo mi ser, lo hizo todo nuevo. El centro Vida Nueva junto con cada responsable fue el cauce y las manos de Dios obrando en mi vida.

Hoy es el día en que estoy casado con una mujer preciosa cuyos padres también se rehabilitaron allí, tengo un hijo precioso, el cual en mi vida pasada era impensable para mi tener. Dios me ha dado todo lo que tengo y lo que soy. Hoy podemos ayudar en el centro y dar un poquito de lo muchísimo que nos han dado. Solo tengo gratitud hacia Dios primeramente, al centro Vida Nueva y a cada responsable por dar de su tiempo por vidas como la mía. Gracias

Comentarios

  1. Muchas gracias Gustavo por abrir y exponer así el corazón. Me encanta ver la obra que Dios ha echo en vosotros me bendice mucho vuestra familia de la que cada día puedo aprender con vuestro ejemplo. Gracias a Dios y a este centro por el que no hay nada imposible

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  2. PRECIOSO DIOS!!!!!!!
    Como te ha guardado Gustavo; tu abuela, tu tía, tu prima... Es asombroso ver cómo Dios se compadece y contesta al corazón que en la angustia, clama...
    Realmente DIOS ES BUENO!!!!
    Gracias Vida Nueva; por la disposición de cada vida que se da allí, por decir si a los proyectos de Dios, y, gracias Dios por dejarnos ver el fruto... Sea a TI,nuesteo FIEL DIOS, la GLORIA!!!!!!

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  3. Hola Gustavo! Gracias por dar testimonio de lo que has vivido con tanta sinceridad. Tras ese pasado que nos cuentas, que al leerlo angustia el alma, me parece entusiasmante la obra que relatas que ha sido hecha en ti. Doy fe de que hoy es muy agradable estar contigo, gracias a Dios eres un hombre de confianza, honesto y fiel; ¡cualquiera que te conoce puede dar testimonio de esto! Un abrazo muy fuerte para los tres!

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  4. Gloria a Dios
    Su amor y misericordia permanece para siempre, El tiene control de todo. Gracias por abrir tu corazón

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  5. Damos muchas gracias a Dios por tu vida Gustavo!
    Gracias por compartir tu testimonio y dar la Gloria a Dios de ello, me bendice mucho ver como Dios se ha derramado sobre ti , como ha sido fiel y bueno. Sois un regalo tu y tu familia os quiero mucho!

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  6. Gracias Gustavo me acuerdo cuando íbamos juntos a la escuela bíblica y nunca hubiéramos imaginado la VIDA tan preciosa que tenemos ahora la verdad que damos gracias a Dios por teneros cerca aprender de vosotros como familia recibir un grande abrazo de nuestra familia os admiramos mucho y solo podemos sonreír y alegrarnos de lo precioso y bueno que es Dios

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  7. Gracias por compartir tu testimonio, Gustavo. ¡Qué bueno es Dios que llega a nuestra necesidad y la suple con tanta abundancia! Es un regalo estar contigo y con tu familia. No te conocí antes pero sí he visto tu carácter humilde, esforzado y trabajador ahora. ¡Gloria a Dios!

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  8. Dios me ha concedido el privilegio de ver desde fuera tu proceso de transformación y realmente puedo constatar que ha sido algo MILAGROSO. No te pareces en nada a aquel que cuentas sino que ahora eres de inspiración y esperanza para otros que ven en ti el poder de Dios hecho realidad transformando una vida arruinada y sin un buen final en una renovada y con propósito.
    Gracias por abrir el corazón.

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